DISEQUILIBRIUMS El grupo. Capítulo 1

23 de junio 2017. Segundos antes de la puesta de sol.

El calor es agobiante. Se me pega toda la ropa al cuerpo y no consigo dejar de transpirar. Me siento rara. Es como si éste no fuera mi cuerpo. Nunca me había pasado en esta época del año. Siempre había subido la temperatura en esta ciudad en el mes de junio pero lo de hoy no lo había experimentado nunca. Todo lo ocurrido me ha transformado. Claramente ya no soy la misma, ni por dentro ni por fuera. Mi piel no consigue evacuar el calor. Además los brazos de mamá, que me tiene rodeada desde hace dos minutos, no ayudan a que me relaje del agobio.

El abrazo que me ha dado al verme ha sido increíble. Esperaba cualquier cosa de ella, menos esto. Me ha confundido. A la vez me ha debilitado aún más de lo que estaba. El cansancio interior es peor que el de los músculos. Pensaba que me reñiría, que me gritara y que estaría tan enfadada que el castigo que me daría sería enorme. “No me iba a sorprender”, me había dicho a mí misma mientras había estado preparando este momento desde hace ya casi seis meses.

—Perdóname Sofía.

Sus palabras pronunciadas casi como un susurro a medio centímetro de mi oído derecho son imperceptibles para todos los que están de pie mirándonos.

La aprieto más hacia mí con los brazos y simplemente guardo silencio. No es ella la que se tiene que disculpar, debo hacerlo yo. Pero si lo hago ahora mismo no pararé de llorar, me siento como un globo a presión que en el momento que algo me pinche explotaré. Son muchas sensaciones, muchos sentimientos los que se han ido acumulando desde que dimos el salto el pasado 23 de diciembre. Tengo que pensar en otra cosa. Estoy a punto de reventar. Me siento débil, el calor me agobia, su presencia me tranquiliza y a la vez me hace sentir culpable. Esto tiene que parar. Me voy a marear.

Como si leyera en mi interior, me toma de los brazos y ayuda a sentarme en uno de los bancos junto a las ruinas de la muralla romana de la ciudad. ¡Qué ironía! Justo aquí. No podría haber sido en las ruinas árabes o judías de la ciudad, justo en la de la época de Roma. Si lo vivido en los últimos meses ha sido de película, esto es casi un chiste.

Sin decir palabra, y sin importarme las siete personas que me están observando, giro la cabeza para mirar fijamente las grandes piedras que hace muchos años se colocaron. Cualquiera que me esté mirando pensará que busco algo… ¡Porque es lo que estoy haciendo!… No dejo de rebuscar lo que realmente vi y toqué hace unas semanas ¡Lo que daría por encontrarlo! Seguro que ya no está… han pasado miles de años.

—Sofía…

Las palabras del padre de Elsa suenan estridentes en mi interior, como algo esperadamente inesperado que nunca realmente quisieras que ocurriera. Como una bofetada que te despierta de un segundo de paz que acabas de disfrutar tras unos meses frenéticos. Se lo que me va a decir, he estado esperando esas palabras desde el primer momento que volví a pisar de nuevo la ciudad de Zaragoza. Desde que hace diez minutos saltamos desde el portal de nuevo en el cruce de la calle Don Jaime y la calle Mayor, y hemos llegado corriendo hasta aquí: la puerta oeste de la ciudad. La puerta que vimos claramente cómo la construían y él colocó aquella piedra con la marca. ¡Qué espectáculo! ¡No nos lo creíamos!…realmente todavía no me lo creo.

—… ¿Dónde está Elsa?

Las palabras de su padre consiguen lo que había estado intentando evitar.

Exploto.

Ya no puedo más.


AutorGlen Lapson © 2016

EditorFundacion ECUUP

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