DISEQUILIBRIUMS Los Individuos. Capítulo 28

Jueves, 22 de diciembre de 2016

Hora: 19:00

 

David

 

Todo esto ha pasado de una situación de locura a algo trepidante. Además, se nos está acabando el plazo que nos dio Nicola. Nos quedan solo unas horas para el amanecer del solsticio de invierno y no tenemos todo preparado.

Después de escuchar a Sofía, todo tiene sentido. Hemos decidido actuar inmediatamente. Estamos los tres en el salón aprovechando la gran mesa de madera de caoba oscura que mis padres compraron cuando se casaron. Sofía se ha puesto a buscar por Internet con el ordenador de mi hermano y Erik busca en su tablet. Samuel, no sé cómo lo ha hecho, pero ha aparecido en mi casa dos minutos después de abrir a Sofía y Erik. Supongo que me habrá oído hablar con ella por teléfono sobre que venían a casa. Pero ¿cómo ha venido tan rápido? Bueno, realmente no sé dónde vive, así que no puedo saber si ha sido lento o rápido. Ha conectado un teclado pequeño inalámbrico a la tablet que lleva siempre en la mochila y ahora no para de teclear. Elsa está conectada a través de la vídeo y ya tenemos varias cosas definidas, pero voy muy lento.

Erik ha empezado a contarnos lo sucedido en casa con sus padres, hasta cuando les dijo el nombre del padre de Sofía.

—… y le he dicho que no me contara nada más. —Me despierta Sofía de mis pensamientos.

—¿Cómo que no te contara más? —dice Elsa.

—Me preguntó si estaba relacionado con lo que nos está pasando estos días en la ciudad —contesta Erik mirando a Elsa a la cara; más bien la proyección de la cara.

Aunque estamos los cuatro alrededor de la mesa del salón, he conectado mi ordenador portátil a un sistema que tenemos en casa que, mediante sistema inalámbrico, enlaza el audio al equipo de sonido del salón y se proyecta el vídeo a la pared encima del sofá mediante un cañón que instalamos en el techo. Me parece un dispositivo muy bueno, que han empezado a vender este año y, como mamá es especialista informática, le gusta tener siempre los últimos dispositivos del mercado.

—Y ¿has aguantado a que estuviéramos todos juntos para escucharlo? —Oímos las palabras de Elsa por todo el salón.

Sofía no contesta, solo mueve la cabeza de arriba abajo.

—¿Podéis empezar a contarlo? —Nos sorprende Samuel con la pregunta mientras se levanta, se acerca al sillón individual que tenemos debajo de la ventana y, con una delicadeza que no le pega, se sienta poco a poco. Apoya las dos manos en el sillón y, con un pequeño giro de cabeza, se queda mirando fijamente a Erik.

Nos miramos los tres, estamos alucinados. Su figura es casi de risa con el abrigo largo abierto dejando ver los pantalones negros y un jersey negro también. Es curioso porque me lo imaginaba más gordo y con el jersey ajustado que lleva puesto hoy se nota que para nada le sobra grasa. Siempre le vemos con abrigos y ropa ancha y me había creado la impresión diferente a lo que estoy viendo hoy. Especialmente porque el abrigo tiene unas manchas en las mangas que le dan un aspecto bastante desaliñado.

Tiene los dos pies juntos en el suelo. Posición casi exagerada porque las rodillas se tocan entre ellas. ¿Quién se sienta así? Y las manos: una apoyada en cada brazo del sillón.

—¿Qué está pasando ahí? —se oye la voz de Elsa.

Nadie contesta. Samuel sigue mirando a Erik.

—¡Eoooo! —Se vuelve a oír la voz de Elsa.

—No pasa nada Elsa —respondo—, parece que nuestro amigo Samuel tiene algo que decirnos.

Tenemos los tres la vista puesta en su posición. Sí, parece distinto.

—Prefiero que Erik cuente lo que quiera —interrumpe Samuel con una leve sonrisa.

—¿Qué pasa? —dice Erik—. ¿Sabes algo que nos tengas que contar?

Erik se pone de pie y se apoya en el respaldo de la silla. Mira a Samuel con actitud desafiante.

—Sé que tus padres no vinieron aquí solo por el sol y el viento —suelta Samuel.

Sus palabras retumban en todo el salón. Incluso la cara de Elsa en la pared se ha transformado. Erik se pone a caminar hacia Samuel. No me gusta su actitud. Me pongo de pie entremedias de los dos.

—¿Os podéis sentar todos? ¡Joder! —suelta Sofía.

¡Dios mío! Menuda reacción. Es la primera vez que la oigo decir una palabrota. ¿La Sofía supereducada descubre su ser interior más desagradable cuando se pone nerviosa? ¿O es que lo que le ha contado Erik la está cambiando? Él se ha vuelto hacia ella y la mira con los ojos abiertos como nunca se los he visto antes. El silencio se puede cortar con una espada. Samuel ni se ha inmutado. Elsa, en la pantalla, sigue congelada. Me siento. Erik hace lo mismo.

—Nos puedes contar Samuel —comienza Sofía, hablándole, despacio, exagerando la vocalización con un tono que ya no muestra tanta simpatía como hasta ahora— qué es lo que sabes… —Se para un momento para mirar a Erik— … Y por qué lo sabes.

 

 

AutorGlen Lapson © 2016

EditorFundacion ECUUP

ProyectoDisequilibriums

 

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