DISEQUILIBRIUMS Los Individuos. Capítulo 36

Viernes, 23 de diciembre de 2016

Hora: 01:30

David

Esto no lo puedo soportar. Nadie toma una decisión. Tenemos un montón de información encima de la mesa y no sabemos qué hacer. Después de los días más importantes de nuestras vidas hemos llegado hasta un punto especial. Cómo he cambiado. Yo, que siempre esperaba tener todos los datos para decidir, ahora soy el que se molesta si no se toma una decisión rápido. Me ha debido de contagiar Sofía.

Me levanto de la mesa, doy un par de vueltas a la misma. Consigo que todos me pregunten si estoy bien. Sigo dando vueltas. De pronto, Sofía me coge del brazo y me dice:

—¡Para!, nos estás poniendo nerviosos. ¿Qué haces?

—Dar vueltas —respondo.

—Y eso, ¿qué tontería es? —me pregunta Erik.

—Es lo mismo que estáis haciendo todos pero sentados en torno a la mesa y con mucha información delante: dar vueltas. —Termino y consigo lo que quería: he roto el momento de bloqueo.

Elsa no deja de mirarme y sonreír. Le ha debido de parecer simpático lo que he hecho. Me siento de nuevo entre ella y Sofía. Aparto con mucho cuidado el pergamino que nos ha pasado Nicola y pongo un papel en blanco en medio de la mesa para que los cuatro lo podamos ver.

Empiezo a dibujar mientras comento:

—Veamos, tenemos por un lado una piedra que estaba en la Puerta Este —y dibujo en medio de la hoja un pequeño rectángulo—, que tiene dos partes, una con una inscripción entendible. —Dibujo una línea vertical dividiendo el rectángulo en dos partes iguales—. Del rectángulo sabemos por un lado que se usaba para «viajar» a Roma y que tiene que ver con el dios Jano. —Dibujo dos líneas que salen de la parte izquierda del rectángulo hacia arriba donde al final de una pongo Salto a Roma y al final de la otra Jano.

Miro la cara del resto. Algo ha cambiado. Elsa a mi derecha, Samuel a su lado, luego Erik y Sofía a mi izquierda, todos están ahora siguiendo lo que dibujo. A la vez están pensando. Incluso Sofía me mira de forma diferente. Ya le ha soltado la mano a Erik.

Aprovecho el momento y continúo:

—Además hay una relación con el numero áureo. —Dibujo una línea de la parte derecha del pequeño rectángulo hacia la derecha del papel y al final pongo PHI—. Por otro lado, tenemos el diseño de la ciudad con el rectángulo solsticial girado —y lo dibujo solo en la parte central de abajo—, que hemos dicho está relacionado con los cuatro elementos de la naturaleza —en la mitad de cada lateral del rectángulo solsticial hago un pequeño círculo—, con el quinto elemento en éter en el centro.

Voy a dibujar otro círculo en el centro para que quede claro.

—¡Espera!, no hagas un círculo… —me interrumpe Elsa, adivinando lo que iba a hacer mientras apoya su mano izquierda en mi brazo derecho.

Nos la quedamos mirando. En mi interior trato de adelantarme a lo que va a decir, pero ella lo dice antes.

—… en el cruce hay una estrella de ocho puntas.

Supongo que desde el principio habíamos visto esa pequeña figura, pero no habíamos hablado de ella.

—La estrella de ocho puntas, el polígono de ocho lados, el octógono es… —Samuel se ha puesto de pie y nos ha sobresaltado a todos— Es…

Está dando vueltas a la mesa también. Parece un crío. Camina y se ríe. Nos mira y se vuelve a reír. Este chico tiene un problema. De pronto se para de nuevo en el sitio que estaba y, mirándonos a todos a la cara como nunca lo había hecho, dice:

—¿No lo veis?

Absolutamente noqueados. Como si nos hubieran derribado en un combate de boxeo. Nos ha dejado en el suelo. Por las caras ni yo ni ninguno le seguimos. Debemos de estar años luz de su mente.

Es casi divertido porque se está restregando el pelo con las dos manos. Como Nicola tiene la calefacción a poco nivel, no se ha quitado el abrigo largo, así que la estampa es de chiste.

Por fin decide iluminarnos la vida. Aunque creo que la mirada asesina que le ha echado Sofía ha debido de servir para que se calme.

—¡El equilibrio!

Nos mira a todos con los ojos plenamente abiertos y las cejas al máximo nivel. Por segunda vez me estoy sintiendo aún más ignorante.

—¡El equilibrio! —Por fin se sienta y sigue hablando más calmado—. El ocho fue relacionado en la antigüedad con la equidad, con el equilibrio.

Nos deja unos segundos para que aún nos impresionemos más. Yo me levanto y vuelvo a la silla. No sé cómo me siento. Sigo pensando que llevo en un sueño desde hace varios días.

—Esto viene desde la Grecia antigua, de Pitágoras. Ahora no recuerdo toda la historia, pero me acuerdo de que el ocho es un número de gran poder, se la llamaba armonía universal y estaba relacionada con la octava celestial, con el amor, la amistad, la prudencia y la inventiva.

Se pone serio, mira por la ventana y continúa:

—Lo cierto es que el primer momento que empecé a pensar en esto fue cuando estuvimos en la plaza San Felipe y caminamos sobre el octógono de la base de la antigua torre. Recuerdo que anoté en mi libreta aquel día un gran número ocho.

Recorre todas nuestras caras con la mirada. No sé qué busca o qué descubre en nuestros ojos porque los míos son como un pozo que se está llenando de una información absolutamente insólita para mí.

—Y tú, ¿cómo sabes todo eso? —le pregunta Elsa de manera muy suave.

—De Disequilibriums —le contesta mirándola a la cara, por fin ha dejado de tocarse el pelo—. Ya os dije antes que conseguí estar un tiempo en el foro virtual.

Se sienta. Se echa para atrás en la silla como si hubiera descubierto la luna y nos lo estuviera contando por primera vez.

—Esto lo dijo uno de los miembros y fue el que más «Me gusta» recibió de todos los contenidos que se compartieron mientras estuve activo.

Nos quedamos en silencio observándolo.

—Lo cierto —comienza Sofía a hablar mirando el dibujo que he hecho— es que el símbolo tiene ocho puntas, no es exactamente un octógono, aunque son dos cuadrados girados. Está claro que todos lo hemos visto en muchos sitios en esta ciudad en edificios y pinturas antiguas.

Nos sorprende un ruido de ronquidos. Nos miramos entre todos y sonreímos.

—¿Qué capacidad para dormir tiene este hombre? —dice Erik—. Con todo el ruido que estamos haciendo.

Volvemos todos a mirar el material esparcido por la mesa moviéndonos despacio para no despertarlo. Termino de dibujar los dos cuadrados pequeños girados y remarco los perfiles de todo.

—De acuerdo —continúo, como si la interrupción de Samuel no hubiese ocurrido porque no sé qué cambia de lo que estamos haciendo, aparte de lo del concepto del equilibrio, claro—. Por otro lado, tenemos los símbolos. —Dibujo el círculo alrededor del rectángulo solsticial girado como el que vemos en la propia casa de Nicola.

Giro la cabeza alrededor de la casa de Nicola y vuelvo a dibujar, pero esta vez en silencio. Cerca de donde había puesto la palabra Jano dibujo una cabeza de forma rápida como si fuera la del dios.

En ese momento Sofía toma un lápiz y en total silencio escribe Mi padre. Supongo que lo está pasando mal. Todo esto le debe de costar mucho. No me sorprendo cuando compruebo que lo ha escrito junto a las palabras Salto a Roma que yo puse. Las imágenes del beso antes en la cocina ya no me vienen tan a menudo. Por fin consigo concentrarme en lo que hacemos. Está muy guapa y a la vez la noto cada momento más triste. Soy su amigo y tengo que apoyarla.

—Gracias, Sofía —digo para animar, esforzándome en que note cómo la sonrió. Ella me mira y me devuelve la sonrisa, aunque no con su gesto habitual de alegría.

Ahora es Erik quien toma el lápiz. En la parte derecha, totalmente aislado, escribe Melodía de salto. Yo añado Emperador Augusto debajo del rectángulo solsticial girado. Y Erik, a continuación, escribe Ciudad sagrada debajo de lo que yo he hecho.

Samuel coge el lápiz, se aproxima al centro del papel y se para. Mira todo el esquema que estamos haciendo y dejando el lápiz se echa para atrás. No sé si no ha escrito lo que pensaba porque no estaba seguro o porque pensaría que no le vamos entender. Lo miro, pero ya se ha aislado de nuevo buscando algo en su tablet.

Nos quedamos todos en silencio mirando lo que hemos dibujado. Poco a poco cada uno empieza a unir algunas partes del dibujo con otras mediante líneas. Elsa ha unido PHI con el rectángulo solsticial.

Estamos uniendo todas las partes que hemos puesto en la hoja. Miro el dibujo de nuevo. Veo que la parte de Melodía de salto se ha quedado aislada, sin unir con nada. Pero a mí me falta algo en este dibujo.

De repente, Sofía toma el lápiz y traza la palabra Desequilibrado. Primero lo hace encima del rectángulo solsticial, pero lo borra. Duda. Creo que no sabe dónde ponerlo. Yo tampoco puedo ayudarla porque en el fondo es la base de todo esto, quizá lo contrario: el equilibrio. Pero la consecuencia que vemos es que la gente se está desequilibrando y no puedo dejar de acordarme de mi madre. Debería estar con ella por si se despierta. Soy un mal hijo. ¡No! Paro de mortificarme. Sé que no debo hacerlo. Así que, cuando consigo tranquilizarme, le tomo con cuidado el lápiz a Sofía de la mano (no sin evitar tocarla un poco). Mientas escribo, lo digo en voz alta:

—Seguro que, en la época de Augusto, lo escribían de otra manera. —Escribo la palabra Disequilibriums en la parte de abajo de la hoja.

Miro a los demás y veo que se han quedado conformes. Volvemos a observar la hoja. A mí me gusta todo menos dejar la parte de Melodía aislada. Compruebo que todos estamos mirando eso y no conseguimos dar el primer paso.

—Elsa —interrumpo el silencio—, ¿cuál es el numero PHI?

—No me lo sé de memoria… —Se queda callada un rato— Pero podríamos calcularlo.

Rápidamente coge el lápiz y empieza a escribir los números de la serie de Fibonacci que nos había explicado antes de arriba abajo: 1, 2, 3, 5, 8, 13… y así, luego, sumando siempre los dos últimos para calcular el siguiente. Pone a la derecha de cada número el anterior, el signo de división entre ambos y empieza a dividir los primeros.

Me doy cuenta de lo que está haciendo, así que continúo la serie de Fibonacci por debajo poniendo al lado el número anterior. Cuando ya me canso, escojo una división y empiezo a hacerla al lado. Erik y Sofía han cogido cada uno una y también están dividiendo. Samuel sigue a lo suyo con la tablet. Ponerse a hacer divisiones a las dos de la madrugada no es la máxima ilusión de alguien con dieciséis años, pero miro de reojo al resto y estamos absolutamente concentrados en lo que hacemos.

Al cabo de un rato todos hemos tirado el lápiz y ahora miramos las diferentes divisiones. Empiezo a poner números hasta que están de acuerdo:

1,6180339887498948420458683…

—Parece que te tenemos —digo mirando al papel y con el lápiz señalando el número.

—Pues sí —responde Samuel con un marcado acento local mientras nos muestra el mismo número es la pantalla de su tablet—. Habéis sido tan rápidos como el programa que tengo aquí. Enhorabuena.

Consigue que todos sonriamos, pero estamos demasiado cansados para descentrarnos. Nos sentimos orgullosos. Durante un rato vuelvo a sentir esa sensación de amistad tan fuerte que he tenido antes. Trabajar con ellos tan unidos me está creando una sensación de cercanía increíble.

Pero tras cinco minutos en silencio nadie dice ni hace nada. Me parece que volvemos a estar bloqueados. Creo que nos estamos acostumbrando a este tipo de situaciones y en el fondo sé que al final saldrá algo. De pronto, Erik toma el lápiz y dibuja una línea que en el dibujo une PHI con Melodía de salto. Consigue que nos volvamos a quedar callados y oímos cómo él empieza a silbar. No entiendo nada. No sé lo que está haciendo. Lo que sí sé es que Erik lleva la música en las venas y probablemente sea capaz de unir cualquier cosa con la música.

—Erik necesita un instrumento —dice Sofía en voz alta.

¡Menuda idea más rara! De todas maneras, necesitamos encontrar esa melodía que dijo Nicola que dentro de unas horas nos permita «saltar». Lo observo, también a Sofía y noto que me mira de forma rara. Le pongo cara de no entender y de pronto me da un codazo en el costado.

No ha sido el golpe de su brazo lo que me ha hecho darme cuenta de lo que quería indicarme, sino el impacto de la dulzaina que llevaba guardada en el bolsillo de ese costado en las costillas.

—Toma —le digo a Erik con una sonrisa mientras saco el instrumento y se lo extiendo en las manos.

Supongo que se habrán preguntado qué hago yo con una dulzaina un viernes de madrugada. Ahora recuerdo que, al salir de casa, caí en que nos disponíamos ya a dar el salto y nos había dicho Nicola lo de la música. Supongo que fue un acto reflejo al ver la dulzaina de mi hermano del colegio. En fin, veamos qué puede hacer.

Veo que Erik primero escribe en un papel los números del uno al siete y, a su lado, en una segunda columna, escribe las notas musicales empezando por el do. Cuando llega al número ocho, se para.

1

DO
2 RE
3 MI
4 FA
5 SOL
6 LA
7 SI
8

 

¿Cómo no se me habrá ocurrido antes?

—¿Qué ocurre, Erik? —le digo.

No consigo disimular mi ansiedad por el descubrimiento que ha hecho y que, de repente, ha cortado. Yo seguiría escribiendo la secuencia.

—Tomamos la escala de do mayor —dice sin dejar de mirar lo que ha escrito, como si estuviera todavía en un proceso interno de deducción continua—, por ser la más ampliamente utilizada en la música occidental. —Habla como un experto— Por tanto, excluimos las «teclas negras» del piano y consideramos como tónica el do. Esto nos deja «do, re, mi, fa, sol, la, si» sin sostenidos ni bemoles; 7 notas. Sin embargo, nuestro código está escrito en base 10: 9 números más el cero.

Samuel extiende los brazos sobre el papel, hace pequeños dibujos con sus dedos sobre los números. De pronto, para sorpresa de todos, agacha la cabeza y la esconde entre sus brazos. Sofía me mira frunciendo el ceño. Elsa está nerviosa, mira a Erik y David indistintamente, sin saber qué hacer.

Samuel sigue callado. La cabeza oculta.

—Pero… —continúa Erik sin haber dejado de mirar el papel. Se rasca la cabeza y sigue hablando— en este punto hay que resolver ya el problema de que nuestra escala está en base 7 mientras nuestro código está en base 10. —Dirige la mirada hacia Samuel como buscando su aprobación—. Nuestro primer código acaba en el 8. Precisamente el 8.

—¡EL NÚMERO DEL INFINITO! —grita Samuel sin levantar la cabeza.

Ahora sí que me he perdido. Espero que lo expliquen porque estoy empezando a tener frío y sueño a la vez. Con tanto retraso no sé si vamos a llegar.

—¿No lo veis? —Samuel se pone de pie y señala lo que ha escrito Erik.

Ninguno sonreímos, creo que es la segunda vez que nos trata de tontos esta noche. Aunque hay que reconocer que antes nos ha sorprendido.

—En cuanto Erik —dice Samuel— ha llegado al 8 en la escala que estaba haciendo, lo he visto y supongo que él también y por eso se ha parado.

Termina y se queda fijamente mirando a nuestro amigo sueco. Elsa está absolutamente impactada, tiene los ojos clavados ahora también en Erik.

—El 8 es el único número, en una escala del 8, que tiene una doble interpretación —continúa Erik—. El 8 significa de nuevo «do», de forma que nos devuelve la misma nota una octava superior y nos establece un bucle infinito…. Así, el 9 sería «re»… y si nuestro sistema no fuera decimal, seguiríamos así con un bucle claramente definido, en primera instancia, por el 8.

Sofía está callada. Nos mira a todos. Creo que no sabe qué hacer. Su capacidad de tomar decisiones que siempre ha tenido casi ha desaparecido. Todo esto y lo de su padre la han transformado.

Mi mente no para de dar vueltas ¡El símbolo del infinito! ¿Cómo es posible? ¿Es todo una casualidad? El símbolo que tiene Samuel en su perfil, el que apareció en la proyección en mi casa cuando nos bloquearon la conversación. Y, además, se mezcla con lo del octógono, como símbolo del equilibrio y la estrella de 8 puntas.

Nadie habla. Todos miramos los números.

—Muy bien —digo golpeando la mesa—, ya tenemos lo del infinito, el 8…. pero, ¿y eso para qué sirve? ¿Cómo continuamos con la música? Yo no tengo ni idea. —Clavo mis ojos en los de Erik que me mira casi desde el más allá.

Tiene toda la presión del momento porque hasta Samuel lo mira también.

—Vale —empieza Erik, sentándose rectamente en la silla y tomando de nuevo el papel y el boli—, voy a pensar que el «0» es un «silencio». —Está serio, muy concentrado, y, por fin, toma el mando de la situación y dice—: Así que nuestra primera secuencia 1618 sería do, la, do, do (octava superior).

Ahora sustituye los números del número PHI por notas musicales.

1= DO; 6=LA; 1= DO; 8=DO ALTO; 0= SILENCIO

Erik comienza a tocar música, se para, vuelve a empezar y al cabo de unos segundos está tocando una melodía musical basada en las primeras cifras del número PHI.

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AutorGlen Lapson © 2016

EditorFundacion ECUUP

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